¿Cómo es la elaboración de un vino?

La unión entre el saber tradicional y las nuevas tecnologías impulsa la elaboración de un vino hacía la evolución del sector vitivinícola

La elaboración del vino es un proceso que combina tradición, técnica y un profundo conocimiento del viñedo. Aunque cada bodega puede aplicar métodos propios según su estilo o filosofía, todas las elaboraciones comparten una serie de etapas esenciales que permiten transformar la uva en un producto final lleno de matices. Comprender estas fases es fundamental para valorar el trabajo que hay detrás de cada botella y entender cómo factores como la variedad, el clima o las decisiones enológicas influyen en el resultado.

Además, el proceso de elaboración convive con nuevas herramientas tecnológicas que amplían el control y la precisión en cada fase. Sensores, sistemas de seguimiento digital y métodos de análisis avanzados permiten a las bodegas supervisar la fermentación, ajustar parámetros clave o garantizar una trazabilidad completa del vino. La combinación entre tradición e innovación define el presente del sector vitivinícola, que busca vinos de mayor calidad, sostenibilidad y coherencia con la identidad de cada territorio.

La elaboración de un vino

El protagonista indispensable de esta historia es la uva, por lo cual, si se quiere lograr una elaboración de un vino supremo, se tiene que tratar a los viñedos con sumo cuidado.

La técnica y método para la elaboración de un vino es la misma tanto para un vino tinto, blanco o rosado, con la única variación del tiempo de fermentación y la temperatura, además de los componentes y del tipo de uva.

La unión entre el saber tradicional y las nuevas tecnologías impulsa la evolución del sector vitivinícola hacia vinos más precisos, sostenibles y fieles a la identidad de cada territorio

Conoce los pasos esenciales para la elaboración de un vino

  • Recepción de la uva: La uva llega a la bodega tras la vendimia y se revisa su estado sanitario y madurez.
  • Despalillado: Se separan los granos del raspón para evitar sabores herbáceos o astringencias indeseadas en el vino.
  • Estrujado: Los granos se rompen suavemente para liberar el mosto sin dañar las pepitas, preservando así los aromas y compuestos naturales.
  • Maceración: El mosto permanece en contacto con los hollejos para extraer color, aromas y taninos, un proceso fundamental en vinos tintos.
  • Fermentación alcohólica: Las levaduras transforman los azúcares en alcohol y CO₂. El control de temperatura es clave para preservar aromas y equilibrio.
  • Descube y prensado: Una vez finalizada la fermentación, se separa el vino del sombrero y se prensa la parte sólida para obtener el vino prensa.
  • Fermentación maloláctica (en tintos y algunos blancos): Los ácidos málicos se transforman en ácidos lácticos, suavizando el vino y aportando complejidad.
  • Crianza (opcional): El vino puede madurar en depósitos, barricas o botellas, dependiendo del estilo que la bodega quiera conseguir.
  • Clarificación y estabilización: Se eliminan impurezas y se estabiliza el vino para garantizar que llegue al consumidor en perfectas condiciones.
  • Embotellado: El vino se envasa en condiciones higiénicas y controladas, dando paso a su reposo final o a su salida al mercado.

Innovación y control tecnológico en la elaboración del vino

En la actualidad, las bodegas cuentan con herramientas que permiten supervisar la fermentación, regular la temperatura, analizar la composición química del mosto y garantizar una trazabilidad completa del proceso. Todo ello facilita decisiones más precisas y una mayor coherencia entre campañas, algo esencial en un sector donde pequeños detalles pueden cambiar por completo el resultado final.

Durante la fermentación, los sensores instalados en los depósitos registran datos en tiempo real sobre densidad, temperatura o actividad de las levaduras. Esta información permite corregir desviaciones al instante y asegurar que la transformación del mosto en vino se desarrolle de manera controlada. Los sistemas digitales también ayudan a ajustar la maceración, determinando el momento ideal para obtener el color, los aromas y los taninos deseados sin comprometer la calidad.

La tecnología también juega un papel clave en las tareas de crianza. Los equipos de control de microoxigenación, la monitorización del ambiente en barricas o las plataformas que registran la evolución del vino permiten prever su comportamiento y tomar decisiones más fundamentadas. Esto no solo garantiza vinos más estables y expresivos, sino que también reduce pérdidas y optimiza recursos dentro de la bodega.

Además, las herramientas de trazabilidad digital facilitan un seguimiento detallado desde la entrada de la uva hasta el embotellado final. Este registro aporta transparencia, mejora la seguridad alimentaria y permite demostrar el compromiso de la bodega con la calidad y la sostenibilidad.

En este contexto de transformación, el Máster en Transformación Empresarial e Innovación en el Sector Vitivinícola ofrece la formación necesaria para integrar tecnología, análisis y gestión en los procesos de elaboración. Una preparación esencial para quienes quieren liderar la evolución del vino hacia un modelo más preciso, competitivo y sostenible.