Los vinos espumosos se suelen elaborar según el “método tradicional”. Este sistema se desarrolló en Francia, hacia finales del siglo XVII en la región de Champagne, donde el monje Dom Perignon en la Abadía Benedictina de Hautvillers en el valle del Marne, logró fabricar por primera vez esta clase de vino.
Aunque la estrella incuestionable del vino espumoso es el Champagne, también hay otros sitios donde se elaboran otros vinos espumosos de gran calidad.
Actualmente, la producción de vinos espumosos incorpora no solo técnicas tradicionales como el método Charmat o el método tradicional, sino también herramientas digitales y sistemas de control avanzados que permiten mayor precisión durante la fermentación y la gestión del CO₂.
Los vinos espumosos más conocidos
Hay una gran diversidad en cuanto a vinos espumosos, aunque los más conocidos son:
Champagne
La denominación de Champagne viene de la región de Champaña, en el noroeste de Francia, aunque ya era conocido por los romanos con el nombre de vinum titillum.
Generalmente los mejores champagnes pertenecen a las denominadas cosecha o “millésimes” y son varietales de Chardonnay.
La innovación, la sostenibilidad y la monitorización en tiempo real son elementos clave para elaborar espumosos más estables, expresivos y competitivos en un mercado global cada vez más exigente.
En la Denominación de Origen Controlada (A.O.C.) se cultiva principalmente tres variedades de uva:
- La Blanca Chardonnay (24%) que se encuentra sobre todo al sur del río Marne, en la denominada Côted’Avize o Côtes des blancs por el color de sus uvas. Es donde se elabora el champagne de mayor calidad, el “blanc de blancs”.
- Las Negras Pinotnoir (48%) que se cultiva hacia el noroeste en la comarca de la Montagne de Reims, también conocida como Montagne Noire por el color de sus racimos.
- Y Pinot Meunier (28%) conocida como meunier o como schwarzriesling, es una variedad de uva tinta que se sitúa en pleno Valle del Marne.
Cava
Este vino espumoso natural se elabora por el “método tradicional”, que ha sustituido al llamado “método champenoise” procedimiento para hacer un vino espumoso al estilo de la región de Champagne.
Estos vinos están protegidos por la Denominación de Origen Cava, tras el conflicto, en 1972 con Francia por la denominación protegida. A partir de esa fecha se aprobó la denominación de «Cava» para nombrar al espumoso español, zanjando de esta manera la disputa. Este Consejo fija como Región del Cava a la formada por un total de 159 municipios, entre los que forma parte Barcelona, Lérida, Tarragona, Gerona, La Rioja, Álava, Navarra, Zaragoza, Valencia y Badajoz.

Aunque el Champagne y el Cava son los espumosos más conocidos, el mundo del vino incluye una amplia diversidad de estilos elaborados en distintos países. Italia, por ejemplo, produce dos de los espumosos más populares, el Prosecco, elaborado mediante el método Charmat y caracterizado por su perfil afrutado y ligero, y el Franciacorta, considerado uno de los espumosos de mayor calidad del país gracias a su elaboración por método tradicional. Francia también cuenta con alternativas más allá de Champaña, como los Crémant, elaborados en regiones como Alsacia, Loira o Borgoña, con estilos elegantes y una excelente relación calidad-precio.
¿Cómo la tecnología mejora la calidad de los vinos espumosos?
La elaboración de vinos espumosos requiere un control especialmente preciso porque intervienen procesos delicados como la segunda fermentación, la integración del CO₂ y la conservación de aromas. Es por ello que la tecnología es una herramienta imprescindible para garantizar vinos más finos, estables y coherentes con el estilo que busca cada bodega.
Desde el viñedo, los sistemas de sensorización permiten identificar el momento exacto de vendimia, asegurando que la uva llegue a bodega con la acidez y el frescor necesarios. Una vez iniciado el proceso, los depósitos con control automático de temperatura facilitan fermentaciones limpias y regulares, evitando desviaciones que podrían alterar el perfil aromático del vino base. Además, la analítica avanzada permite ajustar con precisión los ensamblajes de variedades y vinos base, un paso clave para definir la estructura y el potencial de burbuja.
Durante la segunda fermentación, la tecnología adquiere un papel aún más relevante. Sensores de presión, sistemas de microoxigenación y herramientas de monitorización digital aseguran un desarrollo homogéneo de la burbuja, lo que se traduce en espumosos más elegantes y persistentes. También se utilizan análisis espectrométricos y controles microbiológicos avanzados que detectan problemas antes de que afecten al producto final.
La innovación también optimiza fases como la clarificación, el degüelle y la estabilización, reduciendo pérdidas y aumentando la consistencia entre lotes. La trazabilidad digital completa el proceso, aportando transparencia y reforzando la seguridad alimentaria, aspectos clave para competir en mercados exigentes.
Esta transformación tecnológica redefine la elaboración de vinos espumosos y exige profesionales capaces de comprender tanto el proceso enológico como la gestión y la innovación. Por eso, el Máster en Transformación Empresarial e Innovación en el Sector Vitivinícola prepara a los futuros líderes del sector para aplicar estas herramientas y mejorar la calidad, eficiencia y competitividad de los espumosos en un mercado global.